Durante siglo y medio se mantuvo en la isla de Santo Domingo una indefinida situación internacional porque España no hizo reconocimiento de la colonia francesa hasta el último cuarto del siglo XVIII, cuando, de un modo formal y definitivo, admitió por el Tratado de Aranjuez la validez de la ocupación y trató, al mismo tiempo, de poner límite seguro a su expansión.
Antes de llegar a este reconocimiento expreso, el asunto atravesó un largo período de evolución directamente influido por los cambios de la política europea. Cada uno de los principales sucesos de esa política se reflejaba, más o menos directamente, en la vida colonial, produciéndose así cambios notables en el régimen implantado en la isla.
El punto de partida de lo que podríamos llamar “proceso del reconocimiento” lo encontramos en las negociaciones de Nimega.
Aunque ninguno de los autores que en estos tiempos han tratado la materia dedica atención detenida al Tratado de Nimega, nosotros consideramos que no es posible prescindir de estas negociaciones al querer esclarecer los hechos que determinaron el reconocimiento definitivo de 1777.
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