Luis XIV se vio en la necesidad de destruir por las armas la Liga de Augsburgo, firmada el 9 de julio de 1686 entre el Emperador de Alemania, España, Suecia, Baviera, Sajonia y otros Estados alemanes; de reivindicar los derechos de su cuñada, la Duquesa de Orleans, a la sucesión del Palatinado;101 y de hacer valer los derechos de Francia en la elección al Arzobispado de Colonia, de la cual había sido desechado por el Papa y por el Emperador el candidato de Francia.
Con este motivo, cuatro años después de concluida la tregua de Ratisbona, se vio de nuevo Europa encendida en la guerra del Palatinado.
Esta conflagración se inició en el 1688 y duró hasta el 1697, año en que Luis XIV, por razones políticas, renunció a las ventajas de una posible victoria para promover, con la mediación de Suecia, negociaciones de paz, celebradas en el Castillo de Riswick, cerca de La Haya.
El Rey de Francia quiso, de ese modo, complacer a España, a cuyo trono, que pronto dejaría vacante la muerte de Carlos II, mantenía vivas aspiraciones.103
La Paz de Riswick fue, pues, favorable, por ese motivo, a España.
Algunos historiadores de nota, nacionales y extranjeros, dan como cierto el dato de que, en el Tratado de Riswick, España cedió a Francia formalmente la parte francesa de la isla de Santo Domingo.
Otros niegan categóricamente el hecho, aduciendo en su favor la razón casi convincente de que en lectura corrida del original del Tratado no se ha encontrado cláusula ni texto alguno que expresen la referida cesión.
En el momento en que se concluyó el Tratado de Nimega la ocupación francesa de la isla de la Tortuga y de la costa norte de la isla de Santo Domingo no había tomado caracteres de hecho cumplido; fue en esa época cuando el Gobierno francés comenzó a dar protección oficial a la ocupación. Siendo pues, como es, una cuestión sabida, la de que el Tratado de Riswick no hace mención ninguna de Santo Domingo, sólo desentrañando la intención de las partes, al reproducir en el Art. IX de ese Tratado el Art. VII del Tratado de Nimega, podríamos dar una solución lógica a la diferencia de criterio existente al respecto.
Los escritores haitianos son los que han hecho hincapié en la cuestión, llegando a afirmar que el Tratado de Riswick hizo demarcación de límites. Para desvirtuar esta falaz especie nos limitaremos a reproducir un párrafo del informe que, en 1862, rindió el Sr. St. Amand al Presidente Geffrard con motivo de la reclamación que le hizo España sobre los pueblos fronterizos ocupados por Haití.
No hay comentarios:
Publicar un comentario